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El artículo 3: abrir la puerta a la violencia
Dagoberto Valdés Hernández
22 de agosto de 2018
(Centro de Estudios Convivencia) Por reconocer la legitimidad constitucional de «la lucha armada cuando no fuere posible otro recurso» y por admitir el uso de las armas como un recurso “«contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución» el párrafo de este artículo abre la puerta a la violencia entre hermanos.
 

(Centro de Estudios Convivencia) Entrando en el articulado del Proyecto de Constitución de la República, propuesto por la Asamblea Nacional, quiero detenerme en el Artículo 3 que dice así:

ARTÍCULO 3
(El numeral interno corresponde al número consecutivo de párrafos que trae el texto a debatir).

“32. La defensa de la patria socialista es el más grande honor y el deber supremo de cada cubano. 33. La traición a la patria es el más grave de los crímenes, quien la comete está sujeto a las más severas sanciones. 34. El socialismo y el sistema político y social revolucionario, establecidos por esta Constitución, son irrevocables. 35. Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución.”

Mi opinión con relación a este artículo:

(Párrafo 32). La defensa de la patria, -la de todos, la de Varela y Martí, la patria cubana- es un deber y un honor de todos los cubanos, de cada uno de nosotros. Considero que redactado así incluiría a todos. Opino que la defensa de la Patria es un deber y un honor. Sin embargo, la patria no puede tener un apellido ideológico partidista porque dejaría fuera y discriminaría a los que no profesen una determinada ideología, en este caso la ideología socialista que conceptualizan los que la profesan.

(Párrafo 33). La traición a la Patria debería definirse con la máxima precisión, porque a lo largo de las últimas décadas el uso y abuso de este término por las más diversas interpretaciones, puede considerar traidor a la patria a un deportista que deserta, a un artista que disiente, a un opositor que tiene otras creencias políticas, a un activista de la sociedad civil o a un humorista que transgrede un parámetro con su arte.

(Párrafo 34). Declarar irrevocable a una ideología (el socialismo) y a un sistema político y social determinado, proscribe, discrimina y penaliza la discrepancia, la diversidad política, económica y social. Todos los cubanos que no compartieran esta ideología o que discreparan del sistema con que se aplica serían criminalizados y excluidos por la constitución, que es un pacto social consensuado para incluir a todos y no solo a una parte.

(Párrafo 35). Este párrafo, en mi opinión, debería ser eliminado. Por reconocer la legitimidad constitucional de “la lucha armada cuando no fuere posible otro recurso” y por admitir el uso de las armas como un recurso “contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución”. Este párrafo abre la puerta a la violencia entre hermanos. Fijémonos que no dice una invasión, no dice una potencia extranjera, dice “cualquiera que intente”; esto incluye a los mismos cubanos que compartimos este suelo y la misma Patria. Si la lucha armada contra cualquiera se legaliza, cualquier “otro recurso” violento, por ejemplo: los actos de repudio, la represión, la tortura, la cárcel y otros, quedan igualmente validados. No solo para el que intente cambiar el sistema político, sino también el modelo económico y social. Este es un fallido mensaje a la ciudadanía cubana y a la comunidad internacional. Desde el punto de vista del humanismo de Varela y de Martí, y, en mi opinión, desde el punto de vista de los que en Cuba cultivamos y profesamos los valores cristianos, este párrafo no debería estar en nuestra Constitución. Al contrario, la Carta Magna debería consagrar la no violencia, la paz, la convivencia justa y civilizada, la unidad respetuosa de la diversidad entre todos los cubanos sin excepción, la abolición total de la pena de muerte… y no la eliminación del oponente.

Por lo expresado, considero que este artículo no se corresponde con las más justas, magnánimas y pacíficas tradiciones de los fundadores de la Nación cubana, ni responde a nuestra cultura de la virtud y del amor varelianos y martianos, ni con ese deseo aún pendiente de edificar una nación, unida en la diversidad y defensora de la vida de todos sus hijos.

Ojalá no sea aprobado de esta forma. Para bien de Cuba, es decir, de todos los cubanos.

Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Reside en Pinar del Río.