Artículos
 
Mujica, Fidel y el «sumo innovador»
Adolfo Garcé
13 de febrero de 2014
(El Observador) A los dos se les nota, fácilmente, el paso del tiempo. Pero, además, en el dirigente cubano, en esa cabeza cansada y hundida entre los hombros, puede adivinarse el peso de tantas décadas ejerciendo el poder por sí y ante sí, y creyendo ingenuamente que el futuro del pueblo de Cuba depende de su liderazgo.
 

(El Observador) El tiempo, decía nuestro Rodó, es el “sumo innovador”. A la corta o a la larga, nada puede impedir su enorme poder transformador. Me vino a la mente este divulgado concepto rodoniano observando la foto de la reunión en La Habana entre Fidel Castro y José Mujica. A los dos se les nota, fácilmente, el paso del tiempo. Pero, además, en el dirigente cubano, en esa cabeza cansada y hundida entre los hombros, puede adivinarse el peso de tantas décadas ejerciendo el poder por sí y ante sí, y creyendo ingenuamente que el futuro del pueblo de Cuba depende de su liderazgo. Supieron tener, en los sesenta, mucho en común.Los dos compartían la pasión revolucionaria tan propia de la época, la intención de liberar América Latina de la dominación imperialista, de abolir el capitalismo y edificar el socialismo.Ambos creían, además, que los partidos comunistas de sus respectivos países perdían el tiempo con su aburrida, e inofensiva, apuesta por la lucha electoral.Para Fidel, y luego del ejemplo cubano, para nuestros tupamaros, el camino más rápido y seguro hacia la revolución era la instalación de focos guerrilleros. En el fondo pensaban que, como había enseñado Mao muchos años antes, bastaba una chispa para encender toda una pradera. Cincuenta años después de aquellos tiros y otros tantos trotes, es evidente que los dos viejos líderes revolucionarios tienen muchas más diferencias que coincidencias. Fidel Castro, contra viento y marea, sigue empecinado en mantener su fe, y decidido a impedir que su país “retroceda” hacia el capitalismo.José Mujica, en cambio, después de la experiencia de la dictadura, modificó muy profundamente sus acciones y convicciones.Ya no pretende hacer la revolución ni construir el socialismo. Le alcanza, lo dijo muchas veces, con contribuir a llevar un plato más de comida a los hogares más pobres. Del viejo fastidio contra el capitalismo apenas queda la prédica, que lo ha vuelto tan popular últimamente en tantas partes, contra el consumismo y sus excesos.Es evidente que el “sumo innovador” se esmeró mucho más con Pepe que con Fidel.A Mujica, que se levantó en armas en plena democracia, lo ayudó a entender a fondo, poco a poco, el valor de la libertad política.A Fidel, en cambio, que organizó su legendario movimiento guerrillero contra un régimen autoritario, lo convirtió, muy rápidamente, en un dictador de manual.

Adolfo Garcé es Doctor en Ciencia Política, Docente e Investigador en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, UdelaR. Es miembro del Consejo Académico de CADAL.