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Cuba: la salida progresista a una revolución concluida
Manuel Cuesta Morúa
20 de marzo de 2015
(Clarín) La confusión de la izquierda global con Cuba identifica el poder de los que hicieron la revolución con la idea de que la revolución continúa en el poder. Tal confusión no ve la revolución social que se viene produciendo en Cuba: desde la economía solidaria, a las redes compartidas y clandestinas de comunicación e información, a la tolerancia social y al reencuentro cultural con la diversidad, hasta la apertura a otras realidades negadas durante más de 50 años.
 

(Clarín) La revolución cubana terminó. No el mito congelado de su narrativa ni tampoco, lo que cabe celebrar, su imaginario. Las ideas originarias de equidad social, del ejercicio soberano de la democracia, de la institucionalidad y del Estado de derecho permanecen como referentes, a pesar del derrumbe de tres premisas básicas: la economía, el proyecto de país y el liderazgo.

La confusión de la izquierda global con Cuba identifica el poder de los que hicieron la revolución con la idea de que la revolución continúa en el poder. Tal confusión no ve la revolución social que se viene produciendo en Cuba: desde la economía solidaria, a las redes compartidas y clandestinas de comunicación e información, a la tolerancia social y al reencuentro cultural con la diversidad, hasta la apertura a otras realidades negadas durante más de 50 años. En todos estos sentidos, la sociedad cubana, progresista per se, va por delante de, y se autogenera contra el Estado.

El modelo de subdesarrollo asumido por el gobierno no ofrece salidas a la situación actual, ni permite conservar las prestaciones sociales en Cuba, con sus tres ejes estructurales: la dependencia estratégica de las materias primas ajenas, la gramática de un relato que acomoda el desastre en el nacionalismo histórico y el bloqueo a la iniciativa económica de la gente dentro de la autarquía colectivista. Y ahora, desde el poder, se profundiza el problema.

La militarización de la economía, compartida entre familias patrimoniales y políticas; la precarización del emprendimiento individual (cuentapropismo) y la reestructuración de la dependencia (las remesas desde el exterior) se hace acompañar de un giro impensable a la izquierda: la mercantilización de la salud que, como la Mc Donald, cotiza en el mercado. La latinoamericanización de Cuba está allí para ser vista.

Pero hay salida progresista al desastre; facilitada por Barack Obama después del 17 de diciembre de 2014. El derrumbe del relato del enemigo facilita dos desarrollos importantes que están en la agenda de los progresistas cubanos: la emergencia de la voz de los ciudadanos y del debate por la institucionalización de la pluralidad social, cultural y política de Cuba; lo que supone profundos cambios constitucionales hacia el ámbito garantizado de las libertades. Una manera de superar la esquizofrenia entre el relato del progresismo y la ausencia crónica de prácticas progresistas.

Se puede así reconstruir Cuba, con inclusión y bienestar sociales, y articular una nueva mirada para revisitarla desde la izquierda democrática latinoamericana.

Fuente: Clarin.com (Buenos Aires, Argentina)